Reprogamar las células sin extraerlas del cuerpo.
La medicina regenerativa más avanzada del mundo se inventó en el
jurásico. Es la que sigue utilizando el ajolote, un anfibio mexicano de
garboso aspecto y asombrosas habilidades biológicas: no solo es capaz de
regenerar una mano o una cola perdida, sino también su corazón y otros
órganos internos. Los científicos del Centro Nacional de Investigaciones
Oncológicas (CNIO) han dado un paso en esa dirección al lograr la
reprogramación (o regreso al pasado inmaduro) de las células adultas en
ratones in vivo. La idea es que esas células sirvan algún día para reparar tejidos dañados sin sacarlas del cuerpo, como las del ajolote.
El objetivo final, aún lejano, es la aplicación clínica es usar unos nuevos fármacos llamados pro-senescentes. Estos fármacos
disminuyen el umbral de daño requerido para que una célula entre en
senescencia. Si se los das a una persona sana, no pasa absolutamente
nada. Pero, si se lo das a una persona con un cáncer, las células
cancerosas pueden activar el programa de senescencia.